Una demo enseña lo que el producto hace. Una due diligence técnica enseña lo que va a costar que lo siga haciendo: en dinero, en tiempo y en riesgo. La diferencia entre las dos suele ser lo que separa una buena inversión de una cara.
Los problemas graves rara vez se ven desde fuera. Se ven en un repositorio donde solo una persona ha hecho cambios en dos años, en una licencia que no cubre el uso comercial, en datos personales guardados sin criterio o en una factura de infraestructura que crece más rápido que los ingresos.
La pregunta No es si el producto funciona. Es qué vas a tener que pagar para que siga funcionando cuando ya sea tuyo.
Nada de esto invalida una operación por sí solo. Pero todo ello debería estar sobre la mesa antes de fijar el precio, no después.