Las herramientas de IA son muy buenas haciendo que algo funcione. No están pensadas para decidir si debe funcionar así. Generan el código que responde a lo que pides, y lo que no pides — seguridad, permisos, qué pasa cuando algo falla — queda en manos de quien sabe preguntarlo.
Por eso el problema rara vez aparece en la demo. Aparece cuando entra el primer usuario que no se comporta como esperabas, cuando alguien abre las herramientas de desarrollador del navegador, o cuando la factura del proveedor llega multiplicada.
La diferencia Un prototipo demuestra que la idea funciona. Un producto demuestra que funciona también cuando las cosas salen mal.
No es culpa de la herramienta ni de quien la usa: construir software que aguante es un oficio aparte. Es exactamente el oficio que tenemos.